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February 23 2014

terriblemalandro

Hacia lo alto del día # 27

Parece una trama pero no, no es una trama; refleja la trama porque la trama era aburrida en sí. Si uno desprecia esa trama en virtud de uno de sus confusos reflejos y toma ese reflejo como la trama misma, ¡qué felicidad, entonces!

February 16 2014

terriblemalandro

Hacia lo alto del día # 11

Volviendo a la lectura inconclusa de "Nuestro amigo común", de Charles Dickens...
Leemos novelas porque buscamos un orden, una comprensión, aun en los ejemplos más desconcertantes (o quizás mejor en ellos que en otros). Ese elemento que vibra, que puede que aletee entre las líneas de la narración. Y seguimos leyéndolas incluso en los momentos en que poseemos la ilusión de o la certeza de que nuestra vida sigue o se guía por un determinado orden o programa (tal vez por eso mismo). Un lenguaje atravesando el centro de otro lenguaje y generando un punto iridiscente en la intersección. Palabras, palabras sobre palabras, las mías. Desconcierto...
He estado leyendo "Nuestro amigo común" a la orilla del mar, en una sala de espera, en un campo, en dos o tres cafeterías, en la capital, en una ciudad pequeña del Interior, en otra ciudad más pequeña, un pueblo, en un monte, en mi cama, en mi patio, en los ratos libres dentro del estudio de radio y una vez en un auto mientras me llevaban a jugar al fútbol a San Carlos y el conductor hizo una parada para comprar algo en una estación de servicio y se demoró; en el liceo, mientras los estudiantes respondían a la parte escrita de un examen; en los ómnibus y, a propósito, para el final de esta enumeración, porque el asunto va a quedar para siempre ligado a mi memoria emotiva, mientras avanza la madrugada que va del año 2013 al 2014 y cuido a mi abuela en una habitación de un sanatorio de Aiguá, en una internación sobre la que un par de médicos han querido borrar los indicios de esperanza. Los escenarios en los que transcurren las pequeñas o grandes pasiones de nuestras vidas, o sus puntos muertos, son cambiantes, lo mismo que nuestros estados de ánimo; pero tener una buena novela, y mejor si hablo de una buena novela extensa, ahí al lado, ni siquiera en permanente lectura o en el acto mismo de la lectura, sino en una suerte de respiración paralela, cuando hacemos otras actividades que no son estrictamente leer, eso representa (y busco las palabras), una seguridad, más bien una voz compasiva haciendo por nosotros una súplica discreta del otro lado de una pared. Algo que sin duda lo permiten muchos más los grandes maestros.
Hay por lo menos dos aspectos que me sorprenden y admiro de "Nuestro amigo común". La primera es la perfección de los capítulos, pero no una perfección entendida a la luz de una totalidad o un fin o propósito general (que sí lo tienen), sino la perfección de ser como relatos acabados de emociones humanas que se vuelven precisos e intercambiables porque en ellos la descripción de la conducta humana podría bastar por sí misma. No se trata de capítulos como un mero tránsito hacia el capítulo siguiente. Esto se debe a algo evidente: el tesón de Dickens, recluyéndose o afanándose en su escritura con una pasión extraordinaria. Creo que Dickens escribía para rescatar la vida misma, para celebrarla y también, ¡vaya, vaya!, hacerla vivir. Dickens estaba asombrado de estar vivo. Por eso, estos capítulos son como cuentos; uno no los puede leer sin tener la sensación de que no sólo condensan una parte de la experiencia, sino de que en ellos algo levanta vuelo y luego cumple su ciclo.
Lo segundo que me impresiona es que (otra especie de paradoja) uno avanza y no termina de conocer a los personajes. Dicho de otra forma: Dickens se las arregla para que cumplan con sus acciones y permanezcan siempre en un grado desconocidos para sus lectores. Por eso "Nuestro amigo común" es tan inquietante.

February 08 2014

terriblemalandro

Hacia lo alto del día # 4

Cómo es esta sensación tan dura y triste con la que se suelen presentar las cosas, un médano, su arena deslizándose tras el paso del viento, las xerófilas, cierta flor no del todo resuelta; y que de pronto vemos con obviedad cómo es el mundo sin nuestra presencia, como si hubiéramos dejado de estar aquí, como si nunca lo hubiéramos hecho.
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Schweinderl